La estimulación mental del cachorro, junto a una correcta socialización, son determinantes para que al crecer se convierta en un perro adulto equilibrado, en el que la educación resultará más sencilla, pues su receptividad al aprendizaje es mayor.

En la última década la labor de los perros empleados en actividades sociales tan beneficiosas como la terapia, rescate en terremotos, detección del cáncer y la epilepsia, ha llevado a los técnicos a buscar métodos para mejorar sus cualidades intelectuales.

Entre esas nuevas aportaciones podemos señalar los beneficios de la estimulación de instintos y procesos cognitivos en una edad temprana, una práctica que ya es habitual en los centros de cría de perros que aportan beneficios a la sociedad (terapia, policía, rescate). Las técnicas empleadas con estos perros también son válidas para mejorar las cualidades de nuestras mascotas.

Para ofrecer al perro la oportunidad de alcanzar su máximo desarrollo intelectual (social y emocional), es conveniente su exposición en temprana edad a una gran variedad de estímulos. Trabajar con el cachorro desde su edad neonatal crea en el animal un fuerte vínculo de arraigo con los seres humanos que constituye una sólida base para el proyecto futuro de su educación. La estimulación temprana consiste en someter al cachorro a moderados niveles de estrés mediante estímulos controlados, de modo que sus instintos se activen mejorando sus aptitudes. El empleo de la estimulación temprana puede dar como resultado un perro mejor adaptado, más sano e inteligente y mejor predispuesto al adiestramiento. El objetivo primordial de toda estimulación sensorial es mejorar la percepción del entorno, asimilar la información sensorial que ofrece, facilitando los aprendizajes.

Desensibilización táctil

Como el sentido del tacto está plenamente activo desde el momento de su nacimiento, es bueno aclimatar a los cachorros a diferentes superficies y texturas que pueda encontrar en la edad adulta. Dejar que el cachorro conozca el contacto de superficies variadas, como el cristal de una mesa, un suelo de gres o madera, arena, la rugosidad de una manta, complementa la manipulación. La desensibilización táctil se proporciona además mediante la manipulación del cuerpo del cachorro, sujetándolo de diversas maneras y posturas. Así obtenemos perros dóciles, que interactúan y realizan asociaciones positivas con el ser humano. Ello les hace más manejables de adultos.

De bebé a adulto

¿Te has preguntado por qué algunas especies animales dependen de los padres durante mucho más tiempo que otras? La razón está en el cerebro, cuya maduración requiere de más tiempo en unas especies que en otras. Algunos animales a las pocas horas de nacer ya caminan al lado de su madre sin aparente dificultad. La supervivencia de un cervatillo sería muy difícil si no fuera capaz de seguir a su progenitora tras el parto, para escapar de los depredadores. Una curiosidad asombrosa si la comparamos con un orangután que dependerá de su madre hasta los 5 años de edad. Hoy sabemos que un bebé humano nace con un gran potencial y que está en manos de sus padres que ese potencial se desarrolle de la forma más adecuada. También que todos tenemos mucha más capacidad intelectual de la que nunca usaremos, una parte de nuestra inteligencia e imaginación se desperdicia porque nunca aprendimos a sacarle rendimiento. Lo mismo que a los humanos les ocurre a los perros, su potencial dará los máximos beneficios si el animal es sometido a unos estímulos adecuados desde temprana edad, tanto para su aprendizaje social como para el buen desarrollo de su inteligencia y sus habilidades funcionales.

El cerebro, un libro en blanco

Cuando el cachorro nace su cerebro está limpio, salvo una serie de reflejos que permiten su supervivencia, como son la respiración, el tacto y la succión para mamar. Son reflejos elementales que le permiten alejarse de un peligro, como el calor de una llama o, por el contrario, orientarse hacia un estímulo agradable, como sucede cuando la madre se tumba junto a él y puede mamar. Ese cerebro, totalmente limpio de conductas preestablecidas, posee una infinita capacidad de asimilar toda la experiencia social de su especie.

Del mismo modo que el aislamiento provoca trastornos irreversibles en el desarrollo físico, social y emocional, una estimulación temprana lo va a enriquecer y permite que madure antes de todos sus comportamientos.

Durante décadas la gente ha tratado de criar mejores perros y los criadores han sustentado esa mejora en una selección genética, sin embargo la genética por sí sola no es capaz de responder por qué un perro puede ser mejor compañero que otro perro de la misma raza, incluso hermano de camada. Las últimas investigaciones han permitido comprobar que solo un 35% del futuro potencial del animal responde a factores hereditarios, quedando el resto marcado por influencias como la educación y las estimulaciones recibidas en edad temprana.

Acariciar al recién nacido

El periodo neonatal se extiende desde el momento del nacimiento hasta que el cachorro cumple dos semanas de vida. Durante el mismo solo desarrolla actividad trófica (comer y dormir).

Sus reflejos son primitivos. El cachorro que sometemos a una intensa manipulación en este periodo, al sostenerlo en las manos y acariciarlo con frecuencia, abre los ojos antes y muestra mejor coordinación motora debido a una maduración más rápida de su sistema nervioso central que los que no son manipulados. Al creer es un adulto menos propenso a padecer miedo o estrés y su conducta exploratoria en un ambiente desconocido es más intensa que los que no se manipularon.

Contamos con un conjunto de técnicas útiles para estimular las capacidades cognitivas del perro. No se trata de simples ejercicios sin un propósito claro, tienen por objetivo aprovechar la gran capacidad de aprendizaje del cerebro juvenil. La estimulación debe iniciarse en los primeros días de su vida y alargarse hasta la edad juvenil. Esta estimulación la vamos a abordar desde tres ángulos: auditiva, olfativa y visual, y la complementa la desensibilización táctil.

Estimulación auditiva

El cachorro nace sordo. Los conductos auditivos del perro se abren a las dos semanas de edad, pero el oído no es plenamente funcional todavía. En torno a los 20 días ya responde a los estímulos auditivos, edad a partir de la cual podemos iniciar su estimulación. Debe efectuarse con todo tipo de ruidos ambientales y el sonido de las voces humanas, de modo que formen parte de las vivencias habituales del cachorro. Para las voces humanas es útil la repetición de las frases que serán utilizadas en el futuro durante la educación del perro y su vida cotidiana.

Háblale cuando le sostienes en brazos, cuando le acaricias o limpias, preséntale objetos sonoros como los juguetes con sonido. Aprende a utilizar el recurso de tu voz para llamar su atención con distintos tonos y risas. Es aconsejable dirigirte a él siempre de frente.

Estimulación olfativa

El olfato es funcional desde el mismo momento del nacimiento. Siendo el perro un animal eminentemente olfativo apenas hemos prestado atención a este sentido en las distintas etapas de su educación, quizás porque es el sentido que menos empleamos los seres humanos. Animaremos al cachorro a que utilice el olfato para solucionar pequeños problemas y retos que iremos creando. Los snacks, galletitas y otros premios nunca deben ser un regalo, haz que trabaje para ganarlos. Cosas tan sencillas como esconder pequeños trozos de comida y dejar que el cachorro los busque, esconder sus juguetes para que los descubra olfateando, son prácticas muy valiosas. Otro divertido juego es la caza del pienso. Toma un puñado y arroja una pieza unos metros por delante de él, deja que el perro olfatee el entorno hasta encontrarla. Repite el juego varias veces.

Estimulación visual

Los perros no abren los ojos hasta el día 14 de su nacimiento, pero aún habrá de transcurrir una semana para que ese sentido sea funcional.

La respuesta a estímulos visuales no tiene lugar hasta los 25 días de edad, a partir de ese momento el cachorro reconoce visualmente su entorno. podemos efectuar la estimulación mediante luces con destellos en la zona donde tiene su cuna. Son muy útiles, como se hace con los bebés humanos, esos juguetes móviles musicales que se cuelgan sobre la cuna dentro del campo visual del bebé. Sitúa este juguete a la altura adecuada para que el cachorro no pueda alcanzarlo. También se puede estimular al perro de pocas semanas moviendo lentamente un pañuelo de vivos colores delante de él, mientras se le habla incitándole a cazarlo. Cuando se observa que el cachorro está pendiente del pañuelo se mueve suavemente hacia el lado contrario, para alentarle a seguirlo con los ojos. Este tipo de estimulaciones ayudan a desarrollar la capacidad cerebral del cachorro y consiguen que preste interés a su entorno, mejorando su capacidad de respuesta.