No es algo en lo que nos guste pensar, pero sucede de vez en cuando. Puede producirse durante un apacible paseo por el parque o en medio de una calle llena de gente, nuestra respuesta es a menudo gritar, intentar apartar al perro que ataca al nuestro, agarrar a los perros por los collares, formas de reaccionar equivocadas y que nos ponen en peligro sin que nos demos cuenta.

¡Que no cunda el pánico!

El acoso escolar ser conoce con el término inglés «bullying». El bullying se refiere a todas las formas de actitudes agresivas, intencionadas y repetidas, que ocurren sin motivación evidente.

Es un comportamiento que también encontramos en los perros. Igual que esos niños matones que en el colegio pegan a todos sus compañeros, existe el perro «abusica». La agresión abusiva es frecuente en animales socialmente inadaptados, que desconocen el protocolo del juego limpio, generalmente por una socialización pobre. Son perros inseguros que se crecen frente a compañeros más débiles físicamente.

El matón canino raramente es un perro dominante, animal seguro de sí mismo que no necesita intimidar, tampoco lo es el perro sumiso que muerde por miedo, sino un animal de tipo intermedio que no ha sabido encontrar su puesto en el grupo, perros que desde cachorros aprendieron a resolver sus problemas mediante la agresión. Verdadero tarugo, incapaz de admitir las reglas de un juego limpio, este perro siente celos por los juguetes que los otros poseen, los persigue sin piedad amenazando y gruñendo, trata de asustarles, todo un repertorio de conductas que son la antítesis del juego social.

Los perros pueden tener distintas maneras de jugar, unos son más reposados en tanto que otros se portan como verdaderos torbellinos. Por eso nuestro perro se puede sentir cómodo con unos compañeros y a disgusto con otros. Es frecuente que el perro tímido responda con agresividad a un compañero muy dinámico, que lo empuja y zarandea durante los juegos. No le gusta ser tratado así y responde con agresividad defensiva. A ningún perro debe permitírsele que aterrorice a los otros.

¿Cómo distinguir el bullying canino?

Observar con atención a tu perro mientras juega con otros compañeros te puede ayudar a descubrir si está siendo intimidado o si, en realidad, él es un agresor. Ver cómo el perro interactúa con otros perros y analizar cualquier comportamiento inusual te dará la clave. El acoso se produce cuando en un grupo de perros que juegan, uno concreto trata de imponerse agresivamente, generalmente siempre sobre el mismo animal que utiliza el chivo expiatorio. Los matones suelen ser de razas más grandes que se aprovechan de perros más pequeños, aunque también encontramos razas pequeñas con personalidad muy fuerte, como los terriers, que intimidan a perros de todos los tamaños.

Los signos del bullying canino son sencillos de detectar, se puede considerar que un perro es un bravucón cuando constantemente gruñe, provoca conflictos y trata d montarse sobre otros perros. Si habitualmente tu perro se encuentra feliz y relajado jugando en un grupo de perros pero detectas que con la llegada al grupo de un perro determinado se muestra nervioso o asustado, es probable que el recién llegado sea un perro abusica. Es ese perro que intenta constantemente montarse sobre el lomo de tu perro, le quita los juguetes y amenaza agredirle, por lo que el pobrecito se ve obligado a echarse al suelo en señal de sumisión.

El perro bravucón se hace, no nace, y es labor del propietario conducirle hacia unas pautas de comportamiento equilibradas y no agresivas

El bullying no puede ser tolerado ni ignorado. Tanto el propietario del perro que intimida como los de sus víctimas deben reconocer que existe un problema de conducta y tratar de resolverlo. Ser intimidado no es bueno para ningún perro y puede provocarle trastornos de comportamiento a medio y largo plazo, como responder agresivamente cuando cualquier perro se le acerque.

Educación, la clave

Desde la llegada del cachorro debes inculcarle que responda con sumisión frente a la dominancia de un perro adulto. Si un cachorro no es adecuadamente socializado en este aspecto, al crecer tendrá constantes enfrentamientos con otros perros, por agresividad o por miedo. La exposición de un cachorro a otros perros amistosos es la mejor manera de que aprenda las importantes habilidades sociales. Para ello el tiempo de juego es esencial, junta tu cachorro con otros cachorros y perros adultos sanos y tranquilos y déjale jugar. Así aprenderá el lenguaje postural que de adulto le permitirá mantener una relación positiva con sus semejantes.

Si un perro acosa al tuyo, evítalo, si es el tuyo el que acosa, también. Un cachorro impresionable puede desarrollar una agresión defensiva si se asusta por el carácter dominante de otro cachorro o perro. Por su parte, un cachorro que comprueba que el acoso es tolerado, refuerza ese comportamiento y se convertirá en un adulto agresivo. Con firmeza pero con calma interrumpe el comportamiento no deseado en el mismo momento en que se produce.

No grites, no castigues al perro que practica juegos bruscos, solo impide que siga jugando. A su vez, para fomentar e buen comportamiento aprovecha todas las oportunidades para elogiar y premiar al cachorro cuando juega bien con los demás. El juego vigoroso es aceptable siempre que los perros se diviertan y no se ocasionen daño. Estar preparado para intervenir si el miedo aparece o las cosas parecen irse de las manos.

Evita jugar con tu perro de manera violenta cuando es cachorro, esa conducta le hará pensar que esa es la manera correcta de jugar y lo hará con otros perros.

El abusón

Pocas cosas resultan tan molestas en el perro como la propensión a pelear con sus congéneres, para este tipo de animales cualquier motivo puede ser detonante de su agresividad y enzarzarse en broncas. Los perros abusones son el resultado de circunstancias que les llevaron a creer que en la respuesta agresiva estaba la solución a sus problemas y la mayoría de ellos comenzó su «carrera delictiva» como auténticos matones de barrio. El perro abusón se hace, no nace.

Un «abusica» es un perro socialmente inadaptado, que le gusta jugar con otros perros pero que desconoce el protocolo del juego limpio

Detrás de cada matasietes se encuentra un propietario que no supo conducirle hacia unas pautas de comportamiento equilibradas y no agresivas.

Las peleas caninas responden a unas características diferentes según se entablen entre machos o entre hembras. La más común es la disputa de jerarquía entre machos, que se resuelve con mucho ruido y poco daño físico, puesto que los machos inhiben la mordida en los altercados jerárquicos. Son demostraciones de poder siguiendo unas pautas establecidas que evitan los graves daños físicos. Diferente es la pelea entre perras, las hembras no inhiben la mordida y se ocasionan serias heridas. Por suerte las hembras son poco proclives a pelear y tratan de evitar los conflictos directos.

Raramente veremos la pelea entre una hembra y un macho, las hembras aceptan sin dificultad la jerarquía del macho. En ocasiones una hembra vieja no tolera la dominancia de un macho joven, suele ocurrir cuando el macho trata de arrebatarle algún objeto, especialmente en el territorio (casa) de la hembra. Cuidado con estas peleas. El macho inhibe su mordida ante la hembra, pero ésta no lo hace con el macho, por lo que el perro puede resultar herido.

Señal de conflicto inminente

¿Qué hacer cuando un perro amenaza al tuyo? No tiene dificultad detectar las conductas que señalan que una pelea se está gestando, por lo que se puede aprovechar esa oportunidad para evitar el enfrentamiento. Los perros muestran sus intenciones agresivas mediante cambios en su expresión facial y en su cuerpo, como son la mirada directa y firme dirigida al otro perro, el pelo del lomo erizado, adoptar una postura encorvada, movimientos del cuerpo rígidos, el rabo tieso hacia arriba o enroscada entre las patas, las orejas bajadas y los labios fruncidos. Ante estas señales lo mejor es alejar los perros antes de que se desencadene la pelea.

Si un perro agresivo amenaza atacar al tuyo cuando estáis dando un paseo, aléjate con calma, lentamente, tirando de la correa de tu perro con suavidad. Nunca des la espalda ni corras, el perro agresivo cedería a sus instintos y eso significa que os perseguirá.

El instinto de conservación hace que los perros, cuando se sienten perdiendo una reyerta, se rindan empleando determinadas pautas de comportamiento, por ejemplo, arrojarse al suelo y en señal pacificadora mostrar la cara interna de los muslos, que frenan automáticamente la agresividad del vencedor. Es un mecanismo innato para la supervivencia de la especie que está anulado en las razas de pelea, la selección ha hecho de ellos animales que pelean por supervivencia por encima de su instinto de conservación.