Gatos Callejeros, un problema ecológico | Blog de Mascotas

Gatos Callejeros, un problema ecológico

En contraposición al fascinante animal de compañía, encontramos otra cara en la misma moneda, y es aquella que considera a los gatos callejeros como una de las especies invasoras más perjudiciales y extendidas de todo el planeta. Sé que muchas personas se sorprenderán al leer esto, incluso quizá se hayan indignado mientras miran al precioso gato con quien comparten la vida. Pero al final de este artículo estarán de acuerdo en la realidad que protagoniza un porcentaje muy concreto de gatos en unas circunstancias muy concretas.

Este artículo no constituye una crítica a los gatos, sino y ante todo una llamada de atención ante el abandono de mascotas y las consecuencias ambientales que ello conlleva. Para que pongamos cara al problema diremos que de los 400 millones de gatos que estimamos hay en el mundo, más de 100 millones son animales «sin dueño», es decir, que viven por sus propios medios en las ciudades, los suburbios o asilvestrados en los hábitats naturales. En ecología, estos animales se conocen con el nombre de «free-roaming cats» ( Gatos con libertad de movimiento ) o «gatos callejeros».

Formalmente, la población mundial de estos gatos «free-roaming» incluye a 4 tipos de ejemplares: aquellos abandonados o perdidos recientemente, los ferales, los semiferales y los gatos domésticos que tienen acceso al exterior de las viviendas de sus dueños.

¿Qué podemos hacer nosotros para limitar la proliferación de los gatos callejeros?

Ser responsables con nuestras mascotas, manteniéndolas vacunadas y en perfectas condiciones sanitarias. Si residimos en urbanizaciones y nuestros gatos tienen acceso al exterior, procurar que éste sea sólo durante el día, evitando escapadas nocturnas cuando la actividad de la fauna silvestre es mayor. Así mismo, podemos colocarles un collar con un cascabel, lo que permitirá que ellos disfruten de su juego favorito, la caza, con un mínimo impacto sobre las pequeñas presas silvestres, que podrán huir al escuchar el tintineo.

Si no pensamos cruzar a nuestro gato, resulta muy recomendable esterilizarlo, especialmente en el caso de los machos con libertad de movimientos ya que evitaremos que se reproduzca con hembras ferales, semiferales o incluso con gatos monteses cuyo territorio se encuentre próximo a nuestra zona residencial. No cerremos los ojos a este problema y tratemos de contribuir en la medida de nuestras posibilidades a construir una sociedad más responsable y humana, donde el abandono de mascotas deje de ser el pan nuestro de cada día y se convierta en una excepción deplorable. Eduquemos a nuestros niños en el respeto absoluto por esas maravillas de la naturaleza, los animales.

Aclarando conceptos

Los gatos ferales son aquellos gatos domésticos que se han naturalizado, es decir, que se han asilvestrado, independizándose por completo del hombre, formando colonias en plena naturaleza y cazando para subsistir.

Los gatos semiferales, por su parte, viven de forma relativamente independiente pero consumen el alimento que les facilita el hombre, además de cazar para completar su dieta. Los gatos vagabundos que podemos ver en todas las ciudades son gatos semiferales pero también lo son aquellos que ocupan entornos naturales próximos a urbanizaciones o pueblos y que por las noches se acercan a los contenedores de basura para comer.

Los gatos perdidos o abandonados recientemente pueden morir ante la situación de desamparo en la que se encuentran aunque la mayor parte sobreviven gracias a su instinto, convirtiendose en gatos ferales o semiferales.

Por último, los gatos caseros con acceso al exterior son especialmente frecuentes en áreas residenciales enmarcadas en entornos naturales, urbanizaciones, pueblos, granjas o fincas aisladas. Aunque sólo suelen tener libertad de movimiento durante el día, pueden alejarse bastante de sus hogares, internándose en los entornos naturales adyacentes y pudiendo entrar en contacto con la fauna silvestre. Aunque la mayor parte de los dueños de este tipo de gatos lo desconoce, en sus paseos fuera de casa suelen capturar y matar pequeños animalillos para satisfacer ese gran instinto cazador, sumándose (aunque en menor medida) al daño que ocasionan los ferales y semiferales.

Instintos de Depredación

Este escenario sitúa millones de gatos domésticos en ecosistemas naturales de todo el mundo, lo que conlleva graves problemas ecológicos, especialmente cuando ocupan áreas habitadas por especies amenazadas, por ejemplo: Parques Nacionales, Parques Naturales, Reservas de la Biosfera o regiones similares. Para que podamos valorar la entidad del problema comenzaremos diciendo que el gato es un cazador nato, un depredador de fortísimo instinto y grandes aptitudes para la captura de pequeños mamíferos, aves, reptiles e incluso insectos.

El estudio detallado del comportamiento felino ha desvelado que todos los tipos de gatos free-roaming presentan una elevada incidencia de depredación en las comunidades biológicas que ocupan. En el caso de los gatos ferales, la caza es completamente indispensable para la supervivencia de los ejemplares, existiendo una regulación de las poblaciones de gatos en función de la disponibilidad de presas. Esto significa que el número de gatos ferales se encuentra controlado por la cantidad de alimento que existe en una región, como sucede con todos los depredadores silvestres.

Para reducir las poblaciones de gatos callejeros resulta indispensable una implicación de toda la sociedad frente a este problema ecológico

Mayor es el problema que rodea a gatos semiferales. Su dieta se encuentra suplementada por el hombre ,de modo que pueden alcanzar grandes densidades con independencia de la disponibilidad de presas. Es decir, en una zona puede haber un número de gatos mucho mayor que el que la población de presas puede soportar.

La presión de caza ejercida por los felinos puede llegar a ser tan elevada que podría suponer una seria amenaza para la supervivencia de algunas especies sobre las que depreda.

Este problema resulta especialmente grave en islas donde los gatos domésticos de carácter semiferal han provocado el declive e incluso la extinción de cientos de especies.

Si valoramos que muchas de ellas son endémicas (es decir, exclusivas de esa zona geográfica concreta), su extinción en una isla puede suponer su completa desaparición a nivel mundial.

Competencia con otras especies

Aunque esta presión de depredación parece más intensa y de consecuencias más graves en las islas, también tiene lugar en ecosistemas continentales siendo especialmente dañina en áreas muy alteradas por actividades humanas o en regiones ocupadas por especies en peligro de extinción. Sea cual sea la zona de la que estemos hablando, éste no es el único efecto de la presencia de gatos domésticos en los ecosistemas.

La elevada depredación conlleva además una intensa competencia con los depredadores naturales. Animales como zorros, ginetas, garduñas, tejones, gatos monteses, turones o aves rapaces se alimentan de esas mismas presas cuyas poblaciones pueden disminuir por la presión de un número excesivo de gatos ferales, semiferales e incluso de gatos caseros con acceso al exterior. Ellos encontrarán un cuenco de pienso al regresar a casa, un puñado de comida que alguien de la urbanización deja cada noche en su jardín o un contenedor de basura al que acudir. Pero la mayor parte de los depredadores silvestres sólo disponen de las presas que puedan capturar en el medio natural.

Si su número desciende, inevitablemente la cantidad de estos animales también lo hará, pudiendo incluso llegar a desaparecer de aquellas zonas donde los gatos domésticos free-roaming sean muy abundantes. Algunas especies de carácter más oportunista como los zorros o las garduñas, pueden adaptarse a las circunstancias, cambiando los hábitos alimentarios o acercándose a esos mismos contenedores de basura que frecuentan los gatos. Pero las especies más sensibles, aquellas con unos requerimientos ecológicos o alimentarios más exigentes, no lo harán.

Es muy alto el riesgo para poblaciones como la del lince ibérico, el felino más amenazado del planeta, que ocupa territorios con una elevada presión humana

Riesgo sanitario

Un tercer aspecto que se encuentra asociado a los anteriores y que también supone un riesgo importante es el sanitario. Si los gatos free-roaming coexisten con la fauna silvestre en los entornos naturales, explotan los mismos recursos, acuden a los mismos contenedores de basura e incluso pueden coincidir en el mismo lugar y en el mismo momento, puede crearse un flujo de transmisión de enfermedades entre unos y otros. Por un lado, existe un riesgo sanitario para la fauna silvestre, ya que esos gatos domésticos pueden introducir parásitos o virus en las poblaciones silvestres que pueden ser causa de graves epidemias.

Pensemos por ejemplo en el riesgo que existe para poblaciones como la del lince ibérico, el felino más amenazado del planeta, que cuenta con poquísimos individuos y ocupa territorios con una elevada presión humana, y por tanto, con una gran presencia de gatos free-roaming. El contacto entre ambos puede propiciar contagios de enfermedad como el virus de la leucemia felina. Esto ya se ha producido en diferentes puntos del área de distribución del lince, poniendo en riesgo la supervivencia no sólo de algunos ejemplares sino también de toda esta especie endémica de la Península Ibérica. Aunque este hecho resulta sumamente grave por sí solo, hay que añadirle el riesgo que supone el flujo en sentido contrario.

Los gatos domésticos, incluidos los gatos caseros con acceso al exterior, pueden contraer enfermedades provenientes de otros gatos free-roaming o de fauna silvestre. En el caso de gatos con dueño, éstas serán tratadas por el veterinario y en la mayor parte de los casos no supondrán un riesgo para la salud ni de nuestras mascotas ni de nosotros mismos.

Pero los gatos ferales y sobre todo los semiferales, carentes de asistencia médica, pueden constituir fuentes de transmisión de enfermedades muy cercanas a nosotros y a nuestras mascotas. Las principales enfermedades detectadas en estos gatos free-roaming han sido no sólo el virus de leucemia felina cuya transmisión al lince ibérico ya ha sido probada, sino también el herpesvirus felino, el parvovirus felino, el virus de inmunodeficiencia felina o la toxoplasmosis, muy grave para el feto si se transmite a mujeres embarazadas.

Los gatos caseros con acceso al exterior, pueden contraer enfermedades provenientes de otros gatos callejeros o de fauna silvestre

Hibridación

Por último, destacar un cuarto efecto de la presencia de gatos domésticos en los entornos naturales: la hibridación con el gato montés, es decir, la reproducción entre animales silvestres y domésticos.

Aunque este fenómeno tiene diferente incidencia a lo largo y ancho del planeta, parece relativamente frecuente en aquellas zonas donde el gato montés es escaso y los gatos domésticos abundantes, por ejemplo, en zonas naturales próximas a núcleos urbanos o áreas muy humanizadas. Quizá el lector no valore a simple vista la gravedad de la hibridación pero supone la pérdida de la integridad genética del gato montés, es decir, la pérdida de aquello que hace a los gatos monteses ser quienes son. Aquello que les ha conferido el éxito de la supervivencia.

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